viernes, 14 de noviembre de 2014

En fase de actividad mental


    "Un joven en fase de actividad mental -se dijo Ulrich y probablemente se refería a Walter, su amigo de juventud-, irradia de continuo ideas en todas direcciones. Pero solo lo que haya resonancia en el ambiente reverbera en él y toma forma, mientras que todas las demás irradiaciones se esparce en el espacio y se pierden". Ulrich no tenía inconveniente en aceptar que un hombre inteligente posee la peculiaridad de tener una inteligencia más primitiva que sus atributos; él mismo era un hombre lleno de contradicciones, y creía que todas las aptitudes atribuidas a la criatura humana descansan, bastante juntas, en la inteligencia de cada hombre, si es verdad que el hombre tiene inteligencia. Quizá no es esto del todo exacto, pero lo que nosotros sabemos del origen del bien y del mal induce a pensar que cada uno tiene un número de talla interior, y que esa talla puede ser cubierta con los trajes más diversos, si así lo dispone el destino. A Ulrich no le pareció tan sin sentido lo que había pensado. Si en el curso del tiempo las ideas ordinarias y personales se refuerzan a sí mismas y se pierden las extraordinarias de modo que casi todos, con la precisión de un engranaje mecánico, aparecen cada vez más mediocres, esto demuestra por qué, a pesar de las mil posibilidades que se nos ofrecerían, el hombre corriente sigue siendo el más corriente. Explica también  cómo, entre los privilegios que se hacen valer y que obtienen reconocimiento, hay una cierta mezcla  que tiene aproximadamente un 51 por ciento de profundidad y un 49 por cien de superficialidad; los hombres con esta mezcla son los que más éxito consiguen. Ulrich encontró esto tan complicado y absurdo, tan insoportable y triste, que de buena gana hubiera pasado a pensar en otra cosa.


Robert Musil, El hombre sin atributos. 

Traducción de  José M. Sáenz 
Seix Barral, Barcelona 2008, pág 122