lunes, 9 de julio de 2018


         Algunas mujeres occidentales expresan su rechazo a formar parte de la esfera pública según el modelo del trabajador varón guiado por la búsqueda del propio beneficio (la única oferta disponible).    
     Es erróneo e injusto interpretar este movimiento como una renuncia por parte de jovencita timoratas  que se han dejado engatusar por el neomachismo. Se trata de algo bastante más complejo e interesante que una ofensiva para devolver a las mujeres a la cocina usando al niño  y su bienestar como una coartada. Seguramente en este flujo de mujeres que vuelven  hacia el hogar, cabe  detectar componentes regresivos y conservadores, pero también hay elementos radicales  y críticos que sería poco inteligente menospreciar [...]
   
      Lo que el discurso estándar oculta  es que la "normalidad" de las jornadas de cuarenta horas semanales+guardería+ una abuela para los apuros  es no ya mejorable, sino directamente inaceptable.

páginas 69 y 70
Carolina del Olmo: ¿Dónde está mi tribu?
Ed/ Clave intelectual, madrid 2013

martes, 19 de junio de 2018

La séptima función del lenguaje

  
    Simón ve que la joven morena con cara de princesa cartaginesa llega en ese momento con dos amigas, la asiática bajita y la egipcia alta. Un estudiante grita: "¡Cordélia!" La princesa cartaginesa se da la vuelta. Abrazos, efusiones, el estudiante corre a buscarle un gin-tonic. Judith les dice a Bayard y a Simón, aunque este no la está escuchando: "Se comprende el poder a partir del esquema del poder divino de nombrar, según el cual emitir un enunciado vuelve a crear otra vez ese enunciado". Foucault sube del sótano con Hèléne Cixous,  echa mano a un Malibú con naranja y desaparece por algún piso. Judith aprovecha para citar a Foucault: "El discurso no es la vida, su tiempo no es el nuestro". Bayard asiente. Unos chicos se juntan con Cordélia y sus amigas, al parecer muy populares. Judith cita a Lacant, quien habría dicho en alguna parte: "El nombre es el tiempo del objeto"
Laurent Binet, La séptima función del lenguaje
Traducción de Adolfo  García Ortega
Seix Barral, Barcelona 2016, página 318

lunes, 16 de abril de 2018

Todo está por construir



Se dice "el tiempo de los héroes ha pasado", con la esperanza de enterrar junto a él toda forma de heroísmo.
El sueño de la época no es el buen sueño que procura el descanso, sino más bien un sueño angustiado  que os deja más exhaustos todavía, deseosos solamente de volver a él para alejaros un poco más de la irritante realidad. Es la anestesia que requiere una anestesia aún más profunda. Aquellos que por suerte o por desgracia se sustraen al sueño prescrito, nacen a este mundo como niños perdidos.

¿Dónde están las palabras, la casa, mis antepasados,dónde están mis amores, mis amigos?
No existen, mi niño.
Todo está por construir.
Debes construir la lengua que habitarás,
construir la casa donde no vivas solo
y encontrar los antepasados que te hagan más libre.
Y debes construir la educación sentimental
con la que amarás de nuevo.
Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general,
porque los que despiertan son la pesadilla de los que aún duermen.


Llamamiento; y otros fogonazos
Antonio Machado Libros, 17 jul. 2015 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Rafael Chirbes: Crematorio

         


         Tiene que haber una manera intermedia de ver las cosas. Juan: Claro, la tuya. Me imagino que la actitud equilibrada es la tuya, ese permanente pensar bien, dejar libre al otro, la teoría del respeto: yo respeto, tú respetas, todos respetamos, su cultura es respetable, su manera de pensar es respetable, su religión es respetable aunque yo no la comparta, disculpe. Eso te evita problemas. Piensa bien y, a lo mejor, no acertarás, pero te quitarás problemas de en medio. Piensa que todos te quieren, te miman, te necesitan, y haz lo que te dé la gana. El, y su defensa de la razón: acababa consiguiendo que la discusión recalara en la misma playa, en la de quién te quiere y quién no, en qué es el cariño, qué son el amor, el deseo, la amistad. Pactos, códigos que uno debe respetar como se respetan las señales del código de circulación. Prohibido torcer a la derecha, precaución, ceda el paso, stop. No esperar gran cosa, desear sólo lo que puedes conseguir por tus propios medios (cuando hablaba así, Silvia se acordaba de las frases que decía Matías: Esto es una derrota y de lo que se trata es de sobrevivir. De no estropearlo todo a última hora. Y, al final, qué demonios había sido la última hora). Incluso cuando hablaba de cultura, de su trabajo como profesor de literatura, se expresaba con amargura su marido: No somos investigadores del cáncer, decía, ni de la vacuna contra la polio, ni de algún material nuevo, en adelante de uso imprescindible.


              Somos un capricho que se pagan las sociedades ricas y que a las pobres apenas si se les ocurre plantearse. Somos putas, flores de loto que se abren sobre la charca maloliente de la opulencia; brindamos un entretenimiento un poco más refinado que el que ofrecen las chicas al borde de la carretera (también menos intenso). La belleza, los sentimientos: paparruchas, que decían los personajes de comedia de antes. Leemos un libro, vemos un cuadro, u oímos una canción que nos emociona tremendamente, y a lo mejor hasta nos hace llorar, pero luego eso se acaba, y volvemos a la vida cotidiana, y hasta nos olvidamos de que un día oímos esa canción.
       
       Los sentimientos no son precisamente ni lo más fuerte, ni lo más seguro, ni lo más duradero. Los sobrevaloramos. Tienen más que ver con lo animal, con la secreción salival de los perros de Pavlov cuando oyen el sonido que les anuncia la llegada de la comida. Babeo. No son los sentimientos lo más humano. Lo humano es la inteligencia, y seguramente también la capacidad para planear el mal a largo plazo: lo que hacen los jefes del bobo de mi hermano, fabricando instrumentos de matar que está previsto que se utilicen dentro de un montón de años. Seguramente, eso es lo más específicamente humano, la mort a credit, por ponerle un título celiniano.




        Por cierto, Céline es un ejemplar perfecto para estudiar la capacidad de la inteligencia para planificar el mal a largo plazo. ¿Quién ha visto mejor novelista y peor individuo? Hasta los propios compañeros nazis lo despreciaban por su bajeza, por su sadismo. Tenía una sucia vocación de matarife. A Juan le gustan las formas, la expresión del código. Le gusta que pensamientos y acciones se ajusten como el guante y la mano. Y, eso, ella intentaba demostrarle que no resulta siempre fácil. Ni siquiera posible. Las relaciones entre personas son, al fin y al cabo, formas, frutos de acuerdo, decía él. Y, ella: Eso es mentira. Parece mentira que seas un defensor de la literatura realista y que te interese tan poco el contenido, el fondo de las cosas. Él: Precisamente por eso lo digo, porque soy un defensor del realismo, porque sé que el realismo no es más que una forma de entender lo literario. Silvia: Cuando de verdad empiezan las relaciones entre las personas es cuando se acaban las formas, cuando se rompen. Cuando de verdad te importa algo, discutes, te enfrentas, estás relacionándote y no hay forma que valga, hay una búsqueda de la verdad.

Rafael Chirbes: Crematorio, 
Anagrama, Barcelona 2007
Páginas 109-110