viernes, 24 de enero de 2014

Canadá de Ford. Topografía de la novela: Estructura sólida palabra por palabra , al colocar el punto y final se despliega en 3D.

El eterno retorno. Mateo Maté

...no hubo noticia alguna de él desde que salió de la cárcel, si es que había sobrevivido a ella. Pensé que debió de sentir que yo estaba mucho mejor donde estaba, y que nada ganaría volviendo a una vida  que hacía mucho tiempo que se había clausurado. Y yo acabé estando de acuerdo con él, aunque no porque lo hubiera olvidado. En una visita que le hice a Reno, Nevada, en 1978, mi hermana me contó que creía haber reconocido a nuestro padre en el casino de una estación de servicio en Jackpot, Nevada, sentado en un taburete, metiendo cuartos de dolar en una máquina tragaperras, con una chica a la que Berner definió como "mexicana" sentada a su lado. Llevaba bigote reconoció que a veces confundía aquella vez con la de un hombre que había visto en un bar de Baker, Oregón, que estaba solo. "Pero las dos veces seguía siendo guapo" dijo. "En ninguna le hablé." Berner era bebedora, y esas historias no eran raras en ella.
Pero el pensamiento de que mi padre -a los noventa años- pudiera estar al lado de mi hermana, asistiéndola en un mal trance, y buscándome en el mundo para pedir ayuda, equivalía sorprendentemente, a sentir que mi vida entera estaba no sólo amenazada sino en peligro de no haber sido vivida nunca. Todos ellos estaba aún allí, esperándome, con la mirada fija, numinosos, obstinados, imborrables. Aquello me hizo caer en la cuenta de lo mucho que había querido borrarlos de mi vida, lo mucho que mi felicidad se hallaba condicionada al hecho de que desaparecieran.

Canadá. Richard Ford. Editorial Anagrama, pg 485


El eterno retorno. Mateo Maté