lunes, 3 de julio de 2017

La España vacía

Tablate


...la restauración del molino de Ainielle,  cuarenta y cinco años después de su abandono, significa que Ainielle existe. Por muy simbólico que sea el gesto, que no tendrá consecuencias en la repoblación del lugar, delata que el pueblo se mantiene vivo en la memoria. En parte, gracias a la novela.


Tablate
 Existir en la memoria es una de las formas más poderosas de existencia que conocen los humanos. Algo pasó a finales de la década de 1980 en aquella España tecno-pop y finalmente europeizada. El  ingreso en la Comunidad Económica Europea en 1986, once años después de la muerte de Franco, se vio como la ruptura definitiva con el problema de España. Ya no habría más Unamunos ni Ortegas ni Marañones. Ya no más Machados melancólicos. 


Se planearon grandes cosas. Juegos olímpicos, trenes de alta velocidad, redes de autopistas. El país se puso en obras. Europa exigía una modernización y aportaba miles de millones de pesetas para hacerla posible. Para cerrar las fábricas ineficientes, modernizar la flota de pesca y, sobre todo, para regular la agricultura. Un vistazo a los periódicos y a los medios de comunicación de aquel tiempo devuelve una imagen de sarcasmo y descreimiento muy ibérica. Es el influjo de la mirada del Quijote, esa tendencia observar con desdén y a desconfiar del optimista. 


Pero la profundidad y la velocidad de los cambios debió de causar algún vértigo. El país iba demasiado deprisa para el gusto de una clase media acostumbrada la sobremesa eterna del franquismo. 






Por eso,  a finales de los 80, creció en las librerías y en los cines una forma de nostalgia. Y ya se sabe que la nostalgia es una expresión suave y resignada del miedo.



Sergio del Molino: La España vacía. Viaje por un país que nunca fue.
Editorial Turner, 2016
páginas75 y 76