viernes, 18 de octubre de 2013

Don DeLillo. Ruido de fondo

La Térmica
     
         Era un hombre serio, objetivo y práctico de pies a cabeza. Me sentí extrañado ante la seguridad casi sobrenatural que mostraba en sí mismo, ante su falta de culpa. ¿Será  de esto de lo que se trata Armagedon? ¿La desaparición de la ambigüedad y de las dudas? Se mostraba dispuesto a lanzarse hacia el otro mundo. Estaba forzando al otro mundo a traspasar mi conciencia a través de acontecimientos fabulosos que para él resultaban corrientes, evidentes, razonables, inminentes, ciertos. Yo no percibía la llegada de Armagedón en los huesos, pero me inquietaban aquellos que sí lo hacían, que se encontraban dispuestos para su llegada, que lo anhelaban y se dedicaban a hacer llamadas telefónicas y a retirar sus fondos del banco. ¿Bastará que haya suficientes personas que lo deseen para que ocurra? ¿Cuántas personas son las suficientes?



                                            .................................................................


       -Yo no me preocuparía de aquello que no puedo ver o sentir -dijo-. Seguiría adelante viviendo mi vida. Me casaría, fundaría un hogar, tendría niños. Sabiendo lo que sabemos ahora no existe ningún motivo para que no pueda hacer esas cosas.
       - Pero ha dicho antes que nos hallábamos ante un caso de exposición.
       - No lo dije yo. Lo dijo el ordenador. Lo dice el conjunto del sistema. Es lo que llamamos un recuento masivo de bases de datos. Gladney, J. A. K. Introduzco el nombre, la sustancia y el tiempo de exposición y, a continuación , penetro en su historial informático. Sus genes, sus datos personales, médicos, psicológicos, policiales y hospitalarios. La pantalla me devuelve destellos intermitentes, lo que no significa que vaya a ocurrirle nada, al menos no hoy ni mañana. Tan sólo implica que usted constituye la suma total de sus datos. Nadie escapa a eso.

                                           .......................................................................

       -Parecen tenerlo todo bajo control- dije.
       - ¿Quiénes?
       -Los que están a cargo de esto.
       -¿Quiénes son?
       -Da lo mismo
       - Es como si nos hubieran arrojado hacia atrás en el tiempo -dijo-. Aquí estamos, en la Edad de Piedra, habiendo aprendido  ya todas esas cosas tan importantes a lo largo de siglos de desarrollo y aún incapaces de facilitar la vida de los habitantes de nuestra época. ¿Podemos fabricar un refrigerador? ¿Podemos siquiera explicar cómo funciona? ¿Qué es la electricidad? ¿Qué es la  luz? Se trata de cosas que experimentamos todos los días de nuestra vida y, sin embargo, ¿de qué nos sirven si nos vemos remontados en el tiempo y no podemos siquiera revelar a la gente sus principios básicos y mucho menos fabricarlas para mejorar nuestra situación? Nombra una sola cosa que serías capaz de fabricar. ¿Podrías acaso fabricar una simple cerilla de madera con la que obtener fuego al rasparla contra una piedra? Nos creemos tan importantes y tan modernos, con nuestros alunizajes y nuestros corazones artificiales. Pero, ¿qué ocurre si uno es arrojado a otro tiempo y se encuentra cara a cara con los antiguos griegos? Los griegos inventaron la trigonometría. Realizaban autopsias y disecciones. ¿qué podrías decirle a un griego a lo que el no respondiera "Vaya cosa"? ¿Podrías hablarle del átomo? "Átomo" es una palabra griega. Los griegos sabían que los acontecimientos fundamentales del universo no pueden ser distinguidos por el ojo humano. Son ondas, rayos, partículas.

Ruido de fondo. Don DeLillo.