miércoles, 20 de noviembre de 2013

Infancia. J. M. Coetzee

La Ragua , 2013
          No deben. ¿Por qué no? Nadie se lo dice. Pero él no deja de darle vueltas a la expresión "no debes". La escucha más a menudo en la granja que en ningún otro sitio, más a menudo que en Worcester. Una expresión extraña, con solo que no se oiga el "no" significa todo lo contrario. "no debes tocar eso". "No debes comer eso" ¿Este sería el precio que pagar si dejara el colegio y rogase vivir aquí, en la granja? ¿Tendría que olvidarse de hacer preguntas y obedecer todos los "no debes" y hacer tan solo lo que le digan que haga? ¿Está preparado para darse por vencido y pagar ese precio? ¿No hay forma de vivir en el Karoo, el único lugar del mundo donde quiere estar,  como quiere vivir: sin pertenecer a ninguna familia?
           La granja es enorme, tan enorme que cuando en una de sus cacerías él y su padre llegan a una cerca a la orilla del río, y su padre anuncia que han alcanzado el límite entre Vóelfontein y la siguiente granja, se queda perplejo. En su imaginación Vóelfontein es un reino por derecho propio. No hay tiempo suficiente en una sola vida para conocer todo Vóelfontein, conocer cada una de sus piedras y de sus matorrales. Ningún tiempo es suficiente  cuando se ama un lugar de manera tan devoradora.
          Conoce mejor Vóelfontein en verano. cuando yace aplastada bajo la luz uniforme y cegadora que se derrama del cielo. Aún así, Vóelfontein también tiene su misterios, misterios que no pertenecen a la noche y a la penumbra, sino a las tardes calurosas, cuando los espejismos bailan en el horizonte y el aire canta en sus oídos. Entonces, cuando todos los demás están echando la siesta, aturdidos por el calor,  puede salir de puntillas de la casa y trepar la colina hasta llegar al laberinto de muros de piedra de los rediles que pertenecen a los viejos tiempos, cuando se llevaban hasta allí los miles de ovejas que pastaban en el veld para contarlas o esquilarlas o bañarlas.
       Los muros del redil tienen medio metro de grosor  y sobrepasan su cabeza: están hechos de lisas piedras de color azul grisáceo, cada una de las cuales fue transportada hasta aquí en un carro tirado por burros. Trata de imaginarse los rebaños de ovejas, ahora todas muertas y desaparecidas, que e debieron guarecer del sol al socaire de esto muros. Trata de imaginarse cómo debía de ser Vóelfontein, cuando la casa grande y los cobertizos y los rediles  estaban todavía levantándose: un lugar de trabajo, paciente, como el de las hormigas, año tras año. 

Venta Marina, 2013

 -¿Qué pasó con los libros de la tía Annie?- le pregunta a su madre más tarde, cuando están completamente solos de nuevo. Dice los libros, pero sólo está pensando en los numerosos ejemplares de Ewige Genesing.
        Su madre no lo sabe o no quiere decírselo. 
...los libros que nadie leerá nunca; y 


Manilla, 2013
         Lo han dejado a él solo con todos los pensamientos. ¿Cómo los guardará todos en su cabeza, todos los libros, toda la gente, todas las historias? Y si él no los recuerda, ¿quién lo hará?


Infancia, J. M. Coetzee