sábado, 24 de octubre de 2015

Pensar y hacer. Hacer y ser

Jeff Koons, Lobster
Aluminio policromado

¿Alguna vez han intentado concentrarse en hacer algo difícil con una multitud de gente mirando? O peor, con una multitud de espectadores que expresan en voz alta su esperanza de que falles para que su favorito te pueda ganar. En los partidos de bajo nivel que yo disputé como juvenil, ante públicos que casi nunca alcanzaban las tres cifras, yo estaba que apenas me podía controlar el esfínter. Me volvía loco a mí mismo: «...Pero ¿y si ahora hago una doble falta y dejo que el otro me rompa el servicio con toda esta gente mirando...? No pienses en ello... Sí, pero es que si estoy no pensando en ello de forma consciente, entonces, ¿acaso una parte de mí no tiene que pensar en ello a fin de que yo recuerde qué es lo que se supone que no tengo que pensar...? Cállate, deja de pensar en ello y sirve la maldita pelota... pero ¿cómo puedo estar hablando conmigo mismo sobre no pensar en ello a menos que siga siendo consciente de qué es eso en lo que no estoy pensando?», etcétera. Me quedaba dividido, paralizado. Como les pasa a la mayoría de los deportistas mediocres. Quedarse paralizado y sin aire. Perder la concentración. Quedarse cohibido. Dejar de estar plenamente presentes en nuestras voluntades y decisiones y movimientos.
Página 195


Cómo Tracy Austin me rompió el corazón, de David Foster Wallace,
1994, publicado en Hablemos de langostas (Consider the Lobster), 
2006, Mondadori, trad. de Javier Calvo