Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de agosto de 2017

En el siglo VIII alguien escribió estos versos


Lago de Sanabria, agosto 2017

“Es anoche tarde cuando el perro hablaba de ti;
de ti hablaba la agachadiza en su marisma profunda.
Eres tú el pájaro solitario que recorre los bosques;
y ojalá carezcas de compañera hasta que me encuentres.
Me prometiste, y me dijiste una mentira,
que te me aparecerías donde las ovejas se juntan;
te lancé un silbido y trescientas voces,
y no encontré allí nada más que un cordero balando.
Me prometiste algo que para ti era difícil,
un barco de oro bajo un mástil de plata;
doce villas cada una con su mercado,
y un magnífico patio blanco a la orilla del mar.
Me prometiste algo que no es posible,
que me regalarías guantes de piel de pez;
que me regalarías zapatos de piel de pájaro;
y un vestido de la seda más cara de Irlanda.
Cuando voy a solas al Pozo de la Soledad,
allí me siento y sufro mi pesar;
cuando veo el mundo y no veo a mi mozo,
el que tiene un tono ambarino en el pelo.
Fue aquel domingo cuando te di mi amor;
el domingo anterior al Domingo de Pascua
y yo de rodillas leyendo la Pasión;
y mis dos ojos te daban amor para siempre.
Mi madre me ha dicho que no te hable hoy,
ni mañana, ni el domingo tampoco;
escogió mal momento para decirme eso;
fue cerrar la puerta tras el robo en la casa.
Mi corazón está tan negro como el negror del endrino,
o como el negro carbón del herrero en la fragua;
o como la suela de un zapato que holló salas blancas;
fuiste tú quien cubrió mi vida de esa oscuridad.
Me has arrebatado el este, me has arrebatado el oeste;
me has quitado lo que está ante mí y lo que está tras de mí;
me has quitado la luna, me has quitado el sol;
y mi temor es grande a que me hayas quitado a Dios”.
 ‘Donald Og’. Aunque sólo sea porque es del siglo VIII, del que nuestra imaginación poco sabe, como del VII o del IX, esos siglos oscuros en los que parece que casi nada hubo ni se escribió casi nada. Al menos alguien escribió estos versos sencillos y misteriosos, que no sé si “hacen llorar”, pero que no dejan indiferente. A mí no.
__________
Artículo de Javier Marías publicado en El País Semanal el 15 de mayo de 2016.
AddThis Sharing Butto

martes, 21 de marzo de 2017

La luz envuelve las risas de los que se aman


La realidad corresponde a nuestra hondura

El tiempo va creando las palabras; las palabras, el tiempo.

Desde la ventana, las nubes regresan a su nombre.

Aunque no haya un aún, las palabras esperan; la luz envuelve las risas de los que se aman.


Alfonso Alegre: El Camino del alba, Tusquets
pág. 171. Barcelona, 2017

domingo, 22 de marzo de 2015

Vendrá un tiempo




Vendrá un tiempo en que el amor será el único lenguaje.

Y quedaremos solos: hermano con hermano
escuchando los oscuros latidos de la tierra.

En ese tiempo todos seremos como niños
vistiendo cada uno solamente su cuerpo
porque no se podrá disponer de otra manera.

A veces recordaremos los antiguos objetos
y su reino en la tierra- y tal vez reiremos-
Pero nadie, nadie volverá a buscarlos.
                                                     
                                                  Daisy Zamora
                    ... A puro golpe de amor, México, 
              Casa de las imágenes, 1989, pág 146

viernes, 6 de febrero de 2015

VIVAC


Un tomillo raquítico
perfuma el aire. Todo
nos rodea según la regla muda
de la noche,
la que ha tramado la visibilidad
con los hilos de luz posible -lentas
hebras que caen, átomos sin fiebre-
de la luna en menguante.

Dormiremos al lado del esparto,
sobre una sequedad
que es consunción, designio ardido.
La noche
se ha posado sobre una cicatriz.

Apagadas las voces,
el enfoque yacente de los ojos
coloca el mundo en coordenadas simples:
tierra de aliento, abajo; arriba, estrellas
en las constelaciones.

Antes de que al soñar la niegue,
hago esta afirmación sin pronunciarla:
"Estar echado sobre el mundo, quieto
bajo la bóveda del mundo, es
como firmar un acta concentrada
de presencia y sentido"
Mientras la enuncio viene
una brisa reptante hasta mi rostro,
y siento que se unen
materia y teoría
con la crudeza de algo inobjetable.

Dos piedras vuelcan sus dos sombras sucias
muy cerca de mi cara.
Allá en el firmamento
se perfilan los símbolos -los símbolos,
tan eficaces cuando son lejanos.

No oigo mi corazón. Pienso en mi vida
pero se desdibujan las imágenes
justo al borde del sueño.
La noche, pétrea y estrellada,
bombea
su sangre caudalosa.

Antonio Cabrera
Piedras al agua, Tusquets editores, Barcelona, 2010

jueves, 21 de agosto de 2014

Piedra ardiente, piedra azul


Al puente del solo amor, 
piedra ardiente entre altas rocas  
(cita eterna, tarde roja) 
voy con mi corazón. 

(Mi novia sola es el agua,  
que pasa siempre y no engaña, 
que pasa siempre y no cambia, 
que pasa siempre y no acaba). 

Del puente del solo amor,  
piedra azul entre altas rocas 
(vuelta eterna, noche loca) 
vengo con mi corazón. 
Juan Ramón Jiménez, 
Arenal de eternidades en Leyenda (1896-1956),
 pág 607, Visor Libros


  Al punt dal sòul amòur,
 sas ardènt tra li àltis crètis,
  (lòuc etèrno, rosa sera)
 i ciamìni cu ’l còur.
 Me sola sposa a è l’àga,
 c’a va simpri e a no ingiàna,
 c’a va simpri e a no giambia,
 c’a va simpri e a no finìs)
 Dal punt dal sòul amòur,
 sas asur tra li altis cretis,
 (curva eterna, mata not)
 i rivi cu’l me còur.

Traducción de Pier Paolo Pasolini en friulano
( v. M. Isabella Mininni,  Il giovane Pasolini traduttore di Juan Ramón Jiménez)

viernes, 13 de junio de 2014

En el claro de la luna

En el claro de la luna
donde quiero ir a jugar,
duerme la reina fortuna
que tendrá que madrugar.

Mi guardiana de la suerte
sueña, cercada de flor,
que me salvas de la muerte
con fortuna en el amor.

Sueña, talismán querido,
sueña mi abeja y su edad;
sueña y, si lo he merecido,
sueña mi felicidad.

Sueña caballos cerreros,
suéñame el viento del sur;
sueña un tiempo de aguaceros
en el valle de la luz.

Sueña lo que hago y no digo,
sueña en plena libertad;
sueña que hay días en que vivo,
sueña lo que hay que callar.

Entre las luces más bellas
duerme, intranquilo, mi amor,
porque en su sueño de estrella
mi paso en tierra es dolor.

Mas, si yo pudiera serle
miel de abeja en vez de sal,
¿a qué tentarle la suerte,
qué valiera su soñar?

Suéñeme, pues, cataclismo,
sueñe golpe largo y sed,
sueñe todos los abismos
que de otra vida no sé.

Sueñe lo que hago y no digo,
sueñe en plena libertad;
sueñe que hay días en que vivo,
sueñe lo que hay que callar.

Sueñe la talla del día
―del día que fui y del que soy―,
que el de mañana, alma mía,
lo tengo soñado hoy.
Zurrón del Aprendiz
Silvio Rodríguez

jueves, 29 de mayo de 2014

Brindis. Luis Jiménez Martos


Por la tierra que se hace
humedad en mi garganta.
Por la ausente y presente
vida que ya he bebido
despacio si podía.
Por la nostalgia, no.
Ni por el tiempo aquel.

Lleno mi copa, la alzo
por el sino que acepto
y tomo en esta pálida
y densa majestad
del vino que naciera
donde yo.

Me atraviese
como un poco de río.
No hay que decir su nombre.
Vaya por cuanto amo
y traspasa mi boca.


viernes, 21 de marzo de 2014

Juraría que he sido feliz...


                                                      Juraría que he sido feliz
                                                      una vez en la tierra.
                                                      Pero tú no lo sepas, mi alma
                                                      pero tú no lo sepas.

                                                      No sé el día, el año tampoco,
                                                      ni el siglo siquiera,
                                                      ni si fue de mañana o de tarde
                                                      o noche serena.
                                                     Pero yo juraría que un día
                                                     fue la paz de la guerra.

                                                    No sé quién estaba conmigo,
                                                    si era blanca o era morena,
                                                    ni si era de amor o del solo
                                                    temblor de la yerba.
                                                    Pero yo juraría que fue
                                                    verdad verdadera.

                                                    Yo de cierto no sé si fui yo
                                                    o fue otro cualquiera:
                                                    sólo que era feliz y que toda
                                                    la vida lo era.
                                                    Pero tú no lo sepas, mi alma,
                                                    pero tú no lo sepas.
 Agustín García Calvo

viernes, 31 de enero de 2014

Defensa de la alegría




Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defenderla alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
           y también de la alegría.

Mario Benedetti, en Los espejos las sombras

martes, 10 de diciembre de 2013

Thomas Bernhard. In einen Teppich aus Wasser o En una alfombra de agua




In einen Teppich aus Wasser 
sticke ich meine Tage,
meine Götter und meine Krankheiten.

In einen Teppich aus Grün
Sticke ich meine roten Leiden,
meine blauen Morgen,
meine gelben Dörfer und Honigbrote.

In einen Teppich aus Erde
sticke ich meine Vergängnis.
Ich sticke meine Nacht hinein
und meinen Hunger,
meine Trauer
und das Kriegsschiff meiner Verzweiflungen,
das hinübergleitet in tausend Gewässer,
in die Gewässer der Unruhe,
in die Gewässer der Unsterblichkeit.


En Así en la tierra como en el infierno (1957), Thomas Bernhard

En una alfombra de agua
bordo mis días
mis dioses y mis enfermedades.

En una alfombra de verde
bordo mi sufrimiento rojo,
mis mañanas azules
mis aldeas y panes de miel amarillos.

En una alfombra de tierra
bordo mi transitoriedad.
Bordo en ella mi noche
y mi hambre,
mi luto
y el barco de guerra de mis desesperaciones,
que se desliza por mil aguas,
hacia las aguas de la inquietud,
hacia las aguas de la inmortalidad.

  Traducción de Miguel Sáenz

jueves, 28 de noviembre de 2013

La mirada oblicua. Berna Wang


               Si todo tiene, como sabemos, fecha de caducidad
               y algún día ha de terminarse,
               mi deseo
               es que todo lo que termine
               entre tú y yo
               siga transformándose, como hasta ahora,
               en otra cosa
               distinta
               entre tú y yo.
Berna  Wang,  La mirada oblicua

domingo, 13 de octubre de 2013

Espejo negro


Fuente de la Carretera de la Cabra, septiembre 2013

Dos cuerpos que se acercan y crecen 
y penetran en la noche de su piel y su sexo, 
dos oscuridades enlazadas 
que inventan en la sombra su origen y sus dioses, 
que dan nombre, rostro a la soledad, 
desafían a la muerte porque se saben muertos, 
derrotan a la vida porque son su presencia. 
Frente a la vida sí, frente a la muerte, 
dos cuerpos imponen realidad a los gestos, 
brazos, muslos, húmeda tierra, 
viento de llamas, estanque de cenizas. 

Frente a la vida sí, frente a la muerte, 
dos cuerpos han conjurado tercamente al tiempo, 
construyen la eternidad que se les niega, 
sueñan para siempre el sueño que les sueña. 
Su noche se repite en un espejo negro.
 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Ibn Al-Zaqqaq. Amanecer en la marina



Nace el sol. Las espadas de sus rayos
hieren, blancas, la hueste de las olas,
que en lorigas brillantes las aguardan.
Se cruzan desafíos de fulgores.

Ibn Al-Zaqqaq